En la madrugada de este martes -a las 6:05, hora peninsular española-, los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore se disponían a abandonar la Estación Espacial Internacional (ISS) en la que se instalaron para una corta estancia de ocho días que finalmente se convirtió en un encierro de nueve meses y medio. «La Crew-9 vuelve a casa», anunciaban Williams y Wilmore al iniciarse el rescate y minutos antes de que un compañero de la NASA les informara «como de pasada» de la situación política en Estados Unidos. «Un momento… ¿Cómo? ¿Trump? ¿Deportaciones masivas?», exclamaba contrariado Wilmore cuando tenía ya un pie metido en la cápsula Dragon que lo iba a traer de vuelta a la Tierra.
«Nos tendrían que haber avisado de que el planeta ya no es compatible con el tipo de vida que queremos, aquí en el espacio se está mejor», razonaba Williams, haciendo caso omiso a los ruegos de la NASA, que insistía en completar la misión de rescate. «Ni hablar, os habéis callado lo de Trump para que no pusiéramos pegas. Yo allí no vuelvo, lo siento», agregaba su colega.
El cosmonauta ruso Alexander Gorbunov, que también iba a regresar en la misma operación, no entiende los remilgos de sus compañeros norteamericanos. «¿Por qué creéis que quise subir aquí arriba? Para coger un poco de aire, y eso que no hay», explica. Gorbunov insiste en que los rusos «tenemos siempre mucho interés en abandonar el planeta y no es tanto una curiosidad científica como una necesidad de huida».
Al cierre de la edición, la sociedad norteamericana preguntaba a la NASA si cabe más gente en la ISS. «Peor que aquí seguro que no se come», señalaban algunos ciudadanos.









