El auge de las aplicaciones para meditar y del mindfulness ha disparado el número de artículos especializados sobre la materia. En el último número de la revista académica Journal of Applied Psychology, varios expertos admiten que «lograr que la vida se parezca lo más posible a la muerte es la mejor manera de lidiar con las dificultades de la vida». Así pues, la efectividad de la meditación aumenta en la medida en que practicarla nos acerca «a un estado de reposo similar a no existir». De hecho, los psicólogos defienden que meditar las veinticuatro horas del día sería óptimo para mantener una buena salud mental: acurrucarse sobre una esterilla en posición fetal esperando que llegue la muerte reduce los niveles de ansiedad de forma drástica.
«Otra opción es el coma inducido», reza el artículo de la revista, que considera que el estado de coma es «la mejor meditación». El estrés y las incertidumbres de la vida diaria convierten la opción de no existir en una alternativa cada vez más razonable. «El ser se está volviendo tan problemático que hay que procurar desconectar la mente, detener nuestros pensamientos obsesivos y pausarlo todo. Para lograrlo se puede meditar, pero si uno se muere es casi mejor», insisten desde la publicación Journal of Applied Psychology.
Los especialistas creen que, a través de la meditación, el ser humano intenta emular a los animales que fingen que están muertos cuando se ven acorralados. «Desplomarse en el suelo y fingir que uno está inconsciente cuando el jefe nos pregunta si hemos acabado el informe o cuando nos toca poner una lavadora es una forma de alejarse de las preocupaciones y crear un clima de reposo y calma», argumentan.
El artículo concluye reconociendo que, por brusco que parezca, recomendarle a un paciente estresado que se muera es la opción más sensata teniendo en cuenta lo mucho que la vida amenaza hoy en día la salud mental de la gente.









