David Lynch, el visionario director que cambió el cine independiente de Estados Unidos desde los años 80, ha muerto y fiel a su estilo, y tal y como hizo a lo largo de su carrera con sus inquietantes películas, se ha negado posteriormente a explicar el significado de su propia muerte, que cada uno tendrá que interpretar a su manera.
“…”, ha declarado el director de Eraserhead o Terciopelo Azul cuando se le ha pedido que profundice en el significado último de su defunción.
La incomprendida muerte de Lynch ha fascinado a algunos críticos y ha dejado estupefactos a la mayoría, aunque saben que es inútil preguntarle nada al respecto. “¿Que David Lynch ha muerto? Pero vamos a ver… No entiendo nada, qué final tan insatisfactorio… No sé si estar triste o enfadado o qué. Puto genio”, han dicho algunos de sus fans al enterarse de la defunción del director, que ahora se ha llevado a la tumba el misterio de su propia muerte, difícil de entender y de asimilar para cualquier cinéfilo.
La muerte de Lynch, que prioriza una vez más las preguntas sobre las respuestas trascendiendo los límites de lo cinematográfico, ha sido ya tildada de “lynchiana”.










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