Manuel López, experto en nutrición natural de Málaga, decidió hace tres meses aplicar la técnica de la psicología inversa con sus clientes más desobedientes. «Les dije que comieran lo que les viniera en gana, que no estuvieran pendientes de las calorías y que si les apetecían dulces, adelante», comenta arrepentido. En unas semanas, comprobó que el peso de estos clientes aumentaba al tiempo que lo hacía también su escepticismo. «Lo digo así de claro: la psicología inversa no funciona», zanja.
Mientras las personas sometidas a esta técnica psicológica engordaban una media de 25 kilos, López adelgazaba sin remedio. «Al principio me decía que era por el estrés que me provocaban los malos resultados del experimento, pero ahora creo que he aplicado la psicología inversa a la inversa, de manera que el que pierde peso soy yo», dice.
Estos días, en un último intento desesperado, el nutricionista está pidiendo a sus clientes que le persuadan para que coma lo que quiera. «Si son ellos los que aplican conmigo la psicología inversa, es de esperar que yo adelgace y ellos engorden. Es de lógica aplastante», razona.
Al ver que se está quedando sin clientes, el nutricionista no descarta cambiar de profesión y empezar a trabajar en Uber aplicando la psicología conductista.









