El equipo de Idealista se ha trasladado al barrio de Lavapiés para encontrarse con Jonathan Parreño, el abusón que te hacía la vida imposible en el colegio. A sus 36 años, Jonathan, que comparte un zulo asqueroso con otras tres personas, nos recibe en el rellano. “Lo siento, el ascensor está estropeado”, dice señalando la puerta del cuarto de la basura.
Tras una adolescencia en la que alcanzó mucha popularidad en el instituto, Jonathan se encontró con que cumplía 18 años y no tenía estudios ni un futuro claro. “Todos los pringados empezaron a ir a la universidad y yo me quedé solo en el barrio”, explica mientras nos invita a pasar al oscuro y maloliente zulo en el que vive.
Con solo 20 años, Jonathan ya trabajaba en una fábrica de coches. “Cobraba 1.500 euros al mes por darle al botón de una máquina, me compré un Jaguar de segunda mano y me pillé un piso en Argüelles”, recuerda con nostalgia. “En esa época yo era muy popular, los de mi edad eran unos pringados que no tenían ni un céntimo y a mí me sobraba la pasta”, presume desde su habitación, consistente en un cubículo de pladur con un colchón en el suelo.

El abusón que te metió dentro del contenedor de basura cuando tenías 13 años delante de todos tus compañeros de colegio ahora vive en una habitación más pequeña que ese contendedor. “La crisis pegó fuerte en el sector y me echaron a la calle”, explica a nuestros expertos de Idealista. “La Mari me dejó por su profesor de bachata y tuve que vender el coche, después me echaron del piso”, relata el abusón que una mañana decidió bajarte los pantalones y los calzoncillos en medio de la clase de Conocimiento del Medio.
Interrumpimos la visita durante unos instantes porque uno de los compañeros de piso de Jonathan se tiene que limpiar la sangre que le cae de la nariz en el fregadero de la cocina. “Esta zona está muy bien porque hay muchas salas de juego y así puedes ir a ver el fútbol gratis, incluso a veces hasta ganas pasta apostando”, declara la persona que más bocadillos hechos por tu madre ha comido del mundo.
Al llegar al salón, que en realidad es un móvil conectado a un altavoz en la puerta de la entrada, Jonathan se desmorona. “Mis compañeros me hacen la vida imposible, se meten conmigo y a veces me roban la comida”. Si pensabas que lo que te hacía Jonathan con el dinero del recreo era un robo, espera a saber lo que paga él por vivir en esa horrible habitación. “900 euros al mes, pero con internet y gastos incluidos”, matiza.
Antes de que los expertos de Idealista abandonen el zulo en el que ahora vive el abusón que te martirizaba en el colegio, deciden preguntarle por ti, a ver si se acuerda. “Ahora no caigo, he perdido el contacto con los del colegio; es una pena, pero todos cambiaron mucho, son unos pringados”, dice despidiéndose cerrando el cartón que hace de puerta del zulo.
La semana que viene le enseñaremos tu casa a tu ex, la que vive ahora en La Moraleja.









