Tras una noche de agonía y amargura, Félix Rocamora, un hombre de 43 años vecino de Guadalix de la Sierra, ha fallecido al no encontrar nada dulce que echarse a la boca después de la cena, antes de ir a dormir, según han confirmado los servicios de emergencia, a la espera de que se realice la autopsia del cadáver. “Se nos olvidó comprar chocolate y no había nada en casa. Fuimos unos inconscientes”, explica Marisa Román, su mujer, que pudo sortear a la muerte haciéndose una infusión con triple dosis de estevia después de cenar. Solución que su marido, por orgullo, fatalmente rechazó.
Al acabar la cena y sentarse en el sofá, fue el propio Félix el que exclamó “oh, no” al darse cuenta de que en el domicilio no quedaba ni chocolate, ni galletas ni ningún tipo de golosina que pudiera aliviar el antojo. “Félix lo pasó muy mal en sus últimas horas, con mucho dolor y mucha tristeza. Ha sido una muerte que nos ha dejado a todos con muy mal sabor de boca”, explica la viuda. Ella misma ha bajado a por un cruasán de chocolate en cuanto han abierto las panaderías, justo antes de llamar a emergencias, siendo consciente ya de que su marido no se podía salvar.
Las autoridades sanitarias han recalcado esta mañana, a raíz de este trágico suceso, lo importante que es ser consciente a la hora de hacer la compra de esa necesidad imperiosa de comer algo dulce por la noche. “Es fácil olvidarse o pasarlo por alto, no dándole la importancia que merece, pero puede ser letal”, recuerdan los médicos.
La cantidad generosa de fruta que había en el domicilio (mandarinas, chirimoyas, plátanos) no fue considerada como “postre” o “antojito dulce” en ningún momento.









