Crecer en un entorno más o menos acomodado, con acceso a la educación y la posibilidad de desarrollar habilidades de liderazgo en actividades extracurriculares (debates, deportes, asociaciones…), estudiar alguna carrera como Ciencias Políticas, Derecho o Economía, afiliarse a un partido político nacional, relacionarse con figuras clave dentro del partido, presentarse a elecciones locales o regionales, conseguir experiencia en gestión pública, ganar influencia dentro del partido hasta presentarse a unas primarias y ganarlas —aunque eso suponga dejar de lado la vida familiar y social y perder algo de privacidad, con el coste personal que eso supone—, presentarse a unas elecciones generales, hacer campaña, ganar las elecciones, presentarse a una investidura y reunir apoyos hasta ser nombrado presidente del Gobierno, para tener acceso, al fin, a los secretos oficiales del Estado, es la forma más fácil que tienen los españoles para saber de una vez por todas quién organizó el 23-F o qué operaciones llevó a cabo el CNI para proteger a Juan Carlos I, según ha aclarado el Gobierno esta semana después de que se hayan publicado algunos audios del rey emérito en los que habla. por ejemplo, del golpe de Estado.
“Es un proceso algo tedioso y al que solo tienen acceso dos o tres españoles cada década, pero al fin y al cabo es una vía democrática y accesible para todo ciudadano”, explica el ministro de presidencia Félix Bolaños, que admite que, efectivamente, la carrera política hasta llegar a ser presidente es la única vía de tener “alguna oportunidad” de echar un vistazo a los documentos clasificados sobre el golpe de 1981 o el caso GAL.
“Y ni siquiera siendo presidente está garantizado poder saber a ciencia cierta qué personas o qué organizaciones estaban detrás del 23-F… pero la vía oficial y sencilla para saber la verdad es esa”, ha detallado Bolaños esta mañana en una rueda de prensa.
La otra vía es, dice el ministro, leer la prensa rosa.









