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«56 euros»: Una cajera de Mercadona descubre lo que vale al escanearse a sí misma

"NO SOY UN KIWI", PROTESTA

En la tarde de ayer, Mariela Rojas, cajera en un establecimiento de Mercadona de Huesca, tuvo la ocurrencia de escanear su propia mano con el lector de códigos con el que registra los productos vendidos. Contra todo pronóstico, el sistema informático mostró en la pantalla de la caja la referencia «#33 Rojas, Mariela. 56 euros».

Creyendo al principio que le habían gastado una broma, compartió la experiencia con otros compañeros, que se escanearon también y descubrieron con sorpresa sus respectivos precios, que además varían notablemente incluso entre trabajadores con responsabilidades parecidas. «No soy un kiwi», protestaba Rojas, al tiempo que una colega le recordaba que «si fueras un kiwi aún valdrías menos».

Consultado por la plantilla, el encargado del local emplazó a quien tuviera dudas o comentarios respecto a su precio a mandar un correo electrónico a la dirección. Esta mañana, al filtrarse el asunto a la prensa, una portavoz de Mercadona aclaraba la situación: «Los empleados son activos de nuestra empresa. Es normal que, para calcular el valor contable de la compañía, haya que determinar el valor de sus activos».

El propio dueño de Mercadona, Juan Roig, atendía a los medios este mediodía sin ocultar su sorpresa: «No veo dónde está la polémica, parece que algunos se han caído del guindo», decía. Y agregaba: «Cuando tu empresa insiste en la importancia de que aportes valor como empleado, no es palabrería. Si el valor aumenta, también lo hace tu precio».

Sobre las diferencias en los precios de empleados con cometidos similares, tal vez el asunto que más ha incomodado a la plantilla, Roig declara con un tono pedagógico y paciente: «Dicen que no son kiwis. Bueno, hay que explicar que, igual que un kiwi, un empleado va madurando y va perdiendo la frescura inicial. Por tanto, el precio debe variar también. Si no, estás engañándote sobre el valor de la propia empresa. Intentamos ser estrictos con esto. Nuestros accionistas así lo esperan. Igualmente, dos kiwis no tienen necesariamente el mismo sabor ni la misma textura. Nuestros trabajadores no son todos iguales, aunque a algunos les guste decir que los tratamos como a ganado. Yo sé qué kiwis vendo, llevo un control, y también sé quién trabaja en mi empresa y qué tipo de activo es, qué está aportando o restando. Y hay algunos que son más pasivos que activos, si me preguntan».

Tras sus quejas y sus declaraciones a la prensa, el precio de Mariela Rojas había bajado a los 22’50 euros hace media hora, cuando la empleada se escaneó la mano por última vez.

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