Totalmente a oscuras en el rellano de un edificio en el que no había estado nunca, un hombre se ha jugado el todo por el todo esta noche y ha pulsado un interruptor sin saber si es de la luz o de un timbre. Jacinto Semedo, vecino natural de Ávila, sabe que se lo ha jugado todo a una carta, pero no podía seguir subiendo escaleras sin ver nada porque era muy peligroso.
En cuanto ha palpado con los dedos el interruptor de la pared, Jacinto ha entendido que solo tenía dos opciones: ser todo un valiente o ser un completo cobarde. Consciente de que en la vida hay que arriesgar, Jacinto ha pulsado el interruptor y se ha enfrentado a su destino. «Sabía que, si se encendía la luz, iba a tocar el Cielo, pero si sonaba el timbre descendería a los infiernos», relata.
En estos momentos son las 23:47 horas, una de las peores horas para llamar al timbre de un desconocido en un rellano en penumbra. Las milésimas de segundo que están transcurriendo desde que Jacinto ha presionado el interruptor están siendo las más largas de su vida. Ahora mismo, su corazón ha dejado de latir y el tiempo parece haberse detenido. Jacinto jamás había experimentado tanto miedo.
Como la luz viaja más rápido que el sonido, el hombre está temiendo lo peor y sospecha que, si hubiera pulsado el interruptor de la luz, esta ya se habría encendido. Como de momento tampoco se oye ningún timbre, intenta no perder la esperanza.
Su única certeza es que debería haberse quedado en casa como quería en lugar de ir al cumpleaños de Camuñas, al cual acaba de conocer. Ni siquiera le cae demasiado bien.









