Esta semana, gran parte de la ciudadanía se ha incorporado al trabajo después de las vacaciones y ha tenido que afrontar el llamado síndrome postvacacional, que puede derivar en depresión si no se toman medidas. La Asociación Española de Psicología ha difundido, como cada año, algunas recomendaciones, entre las que se encuentra la conveniencia de conservar arena de la playa adherida a las nalgas al menos hasta bien entrado diciembre.
«Hay que buscar el equilibrio entre la higiene corporal y la higiene mental», señalan los psicólogos. Notar arena entre las nalgas en la oficina, como si se hubiera pasado la mañana en la playa, así como oler a crema solar, son estímulos gratificantes que ayudan a la mente a acomodarse sin brusquedad a una nueva rutina. «Prolongar quemaduras solares ayudándose con una plancha, siempre con responsabilidad, es otra práctica beneficiosa», agregan los expertos.
Aparte de la arena en la raja del culo, los psicólogos recomiendan no deshacer la maleta al menos hasta que acabe el año y plantar la sombrilla de playa al lado de la silla de oficina si la empresa lo permite. Algunos directivos especialmente concienciados con la dificultad de incorporarse al trabajo recorren los pasillos de la empresa gritando «¡Cocoooooo, cocooooo rico, sandíaaaaa, sandía fresquitaaaa!» mientras dan patadas a un balón de Nivea.
Los locales de restauración suelen contribuir subiendo los precios de los desayunos y las comidas «para que se tenga la sensación de que somos turistas y nos clavan por cualquier chorrada». Una práctica que en ciudades como Barcelona se mantiene todo el año «porque no todo el mundo regresa de las vacaciones en septiembre».









