Esta mañana, un jefe muy exigente ha pedido un informe para 1996 en lugar de solicitarlo para ayer. Los hechos han tenido lugar en la sede madrileña de la multinacional Jenkins&Co. a las 9:45 horas. Según testigos presenciales, Marcos Cebollino, responsable del departamento de Administración, se ha dirigido a Antonio Monedero, empleado de la compañía, con esta petición.
Aunque Monedero, que lleva más de diez años trabajando en la empresa, estaba acostumbrado a redactar informes para ayer, se ha visto superado por la orden de entregar un trabajo para 1996. “El primer borrador lo tenía preparado para 2017, que no está nada mal, pero todavía necesitaba bajar 21 años”, se sincera. “Entiendo las prisas, porque además ahora se cierra el año fiscal, pero no sé si podré tener esto para hace 27 años”, reconoce.
Este medio ha podido saber que a las 12:30 horas el señor Cebollino ha vuelto a acercarse a la mesa de Monedero para meterle prisa. “No te duermas, Toño, quiero ese informe para el preaznarismo”, le ha dicho dándole varias palmadas apremiantes en la espalda. “Rápido, fue urgente”, le ha gritado antes de irse corriendo a su despacho, en el que tenía una reunión programada para 2012.
La presión en el ámbito laboral está haciendo que cada vez más jefes necesiten trabajos para el pasado, confiando en que, si se entregan en la fecha correcta, cambien el presente, facilitando que en el futuro puedan ser menos desconsiderados con sus trabajadores.









