La semana pasada, el Gobierno presentó la nueva Oficina Nacional de Asesoramiento Científico (ONAC), con un plan de acción que pretende «reducir las distancias entre las decisiones políticas y el conocimiento científico». Esta mañana, el Ejecutivo salía al paso de los rumores y confirmaba que dicha oficina es en realidad un despacho que le han puesto a Flipy, el cómico que hacía experimentos científicos en El Hormiguero.
«Queremos que la voz de la ciencia sea escuchada de forma integral, incluso al máximo nivel del Gobierno, por lo que Flipy intervendrá en los Consejos de Ministros haciendo sus locos experimentos con sus gafas de culo de vaso y su bata blanca», señalan desde Moncloa. Además de amenizar estas reuniones de alto nivel, Flipy aprovechará los juegos de ciencia para divulgar y «orientar sobre las evidencias respaldadas por la investigación y establecer puentes con la toma de decisiones políticas».
Según confirmaba hace unas horas el propio cómico, «trataré de acercar la ciencia a los ministros enseñándoles a crear una brújula cuerda, a diseñar una bola ingrávida o a descubrir en qué consiste la ley del embudo». La idea es que los miembros del Ejecutivo «le pierdan el miedo a experimentar y al mismo tiempo se diviertan».
Nada más conocer los detalles de la iniciativa gubernamental, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, le ha manifestado a Flipy su interés por aprender a construir su propia catapulta.









