Celebrada ayer miércoles la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, el Papa León XIV ha abandonado la ciudad condal y los operarios han iniciado esta misma mañana el desmontaje del templo, que después de 144 años en construcción pudo lucir ya acabada la Torre de Jesús en la esperada misa. «Ha merecido la pena, es evidente que le ha gustado», señala el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que reconoce los nervios de última hora porque, durante años, se temió que el edificio no se terminara a tiempo. «Fuimos dando largas al Vaticano durante meses, pero el papa insistía en visitar la ciudad y hubo que espabilar», dice.
Los barceloneses se despidieron del monumento con un abrumador espectáculo de luces, drones y fuegos artificiales. Terminada la fiesta, algunos ciudadanos hacían cola esta mañana para llevarse trozos de la Sagrada Familia a modo de recuerdo. El propio pontífice ha sido obsequiado con una impresionante vidriera envuelta en papel de burbujas.
Se calcula que el templo se habrá desmontado completamente en 2030. «Los valencianos lo habrían quemado todo, pero los informes de seguridad lo desaconsejaron. Iremos desmantelando la iglesia de forma controlada, sin prisas», confirma el alcalde Jaume Collboni. Tres horas después de iniciarse las obras, su supervisora aseguraba que la fachada del Nacimiento estaba ya casi desmontada y sus piezas almacenadas en un local de Bluespace. «Se tarda menos en desmontarlo que en levantarlo», explicaba.
La Sagrada Familia dejará libre un solar de 12.800 metros cuadrados en el que se construirán pisos destinados al alquiler turístico.









