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El CEO de Repsol comparece desde su casa con 26 perros más que el año pasado pidiendo que no se abandonen animales en las gasolineras porque sus hijos se los quieren quedar todos

"YO NO SÉ DECIR QUE NO", RECONOCE

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha comparecido esta mañana desde el jardín de su domicilio particular acompañado de sus más de 150 perros, todos ellos rescatados de estaciones de servicio de la compañía que dirige. «Este año, hemos tenido que acoger a 26 más que el año anterior», ha explicado con pesar. Se trata de animales que los automovilistas abandonan sobre todo en verano y que el empresario acaba adoptando por presiones familiares. «Cada año mis hijos me preguntan si ha habido abandonos y yo no sé mentir», dice.

«Lo más difícil es pensar nombres. Para que entiendan hasta qué punto es complicado, a esta labradora la hemos llamado Cepsa. Hasta este punto estábamos faltos de ideas», confiesa. El hombre reconoce que «dormir se me hace complicado, especialmente ahora, que empieza a hacer calor». Explica que los animales «insisten en subirse a la cama y yo no tengo fuerzas para impedírselo».

El CEO de Repsol ha decidido este año hacer un llamamiento a la población para pedir que no se abandonen perros que luego acaban en su casa. «Mis abogados me advirtieron de que tal vez esto provocaba el efecto contrario: al saber que yo me encargo, los dueños tendrían menos remordimientos. Pues bien, permítanme insistir: este año es el último. De ahora en adelante, trasladaremos a los perros a estaciones de servicio de la competencia. Es un problema de todo el sector, no es justo que tenga que encargarme yo solo», razona.

Al término de su comparecencia, Imaz ha comentado a los periodistas que uno de los perros rescatados, de nombre Faquir, «tiene pinta de ser uno de mis empleados disfrazado de perro». Los asesores del empresario le han advertido de que muchos de sus trabajadores prefieren hacerse pasar por perros para acceder así a una vida de lujos. «Cuando le grito ‘¡Faquir!’ no hace nada, pero ayer grité ‘¡Ramón!’ y se dio la vuelta asustado para luego disimular. De momento, hago como si nada, pero no permito que se acerque demasiado a mi mujer. Y a la cama no pienso dejar que se suba», declara.

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