Como cada año cuando llega el calor, los amigos con piscina empiezan a recibir los primeros mensajes del tipo «¿Cómo estás? Hace tiempo que no hablamos» de parte de personas que el resto del año se olvidan de ellos. «Las altas temperaturas marcan el inicio de la temporada de cortejo, en la que se renuevan lazos afectivos que se mantenían en hibernación», comenta el psicólogo Álvaro Valdés Fernández.
Distintos estudios confirman que la intensidad de esas relaciones de amistad veraniegas es proporcional al tamaño de la piscina. «El lazo es tan profundo como profunda es la piscina y también depende del estado del agua. Si está limpia, así de claro y transparente será el vínculo afectivo», señala Valdés.
Los psicólogos aconsejan a los dueños de piscinas atesorar las interacciones veraniegas, aprovechando para sacar buenas fotos de los momentos compartidos. Al terminar la temporada de verano, disponer de vívidos recuerdos permitirá sobrellevar el abandono al que los someterá el invierno. «Solo los afortunados que tienen casa cerca de una estación de esquí o carné de socio de algún club de fútbol pueden conservar durante todo el año este tipo de amistades», confirma Álvaro Valdés.
Mención especial merecen los dueños de embarcaciones como yates o veleros. En estos casos, la avalancha de interacciones sociales en verano aumenta hasta tal punto que, en ocasiones, sus dueños se ven obligados a activar el modo avión.









