«Las tenemos». Dos palabras que justifican una inversión millonaria y que han sido pronunciadas esta madrugada por el comandante Reid Wiseman, uno de los cuatro astronautas de la Artemis 2. La primera misión a la Luna en más de medio siglo tenía por objeto recuperar las gafas del astronauta Neil Armstrong, quien pisó el satélite el 20 de julio de 1969 y las perdió. Hoy se ha confirmado la hipótesis de la NASA, que sospechaba que las gafas orbitaban en la cara oculta de la Luna, imposibles de detectar desde la Tierra.
Este martes a las 0.44, hora peninsular española, la nave Orion perdía contacto con nuestro planeta al adentrarse en la cara oculta. «Os vemos al otro lado», les decían a los tripulantes desde el centro de control de misión de Houston. Ha sido al recuperarse la señal de radio cuando la humanidad ha podido celebrar la gesta. «Las tenemos» pasaba a convertirse en una frase que se recordará en los libros de historia.
«Es una pena que Armstrong no pueda ver este momento, porque aún no tiene las gafas y porque está muerto», señalaba el presidente estadounidense Donald Trump en su primera comunicación con los cuatro tripulantes. Estos, incapaces de determinar si Trump bromeaba o hablaba en serio, optaban por un respetuoso silencio que terminó resultando incómodo para todos.
«Ahora inician su regreso a casa», anunciaba esta mañana el administrador de la NASA, Jared Isaacman, poco antes de que el piloto Victor Glove comunicara, no sin cierta vergüenza, su sospecha de que «nos hemos dejado un bote de Nutella a medio terminar orbitando por ahí». El descuido, que habría tenido lugar en plena operación para atrapar las famosas gafas de Armstrong, obligaría a la humanidad a regresar pronto a la cara oculta de la Luna. Con enorme frustración, la agencia espacial creaba en Google Drive una nueva carpeta con el nombre Artemis 3.









