«Claro que sale, lo raro es que no saliese en las anteriores». Con estas palabras ha reaccionado estos días la ciudadanía española ante la aparición por sorpresa del pederasta Jeffrey Epstein en la última entrega de la saga Torrente. «Es verdad que en teoría estaba muerto, pero esta gente siempre se sale con la suya. Dirán que es una crítica a la pederastia y santas pascuas», señalan los españoles.
Los espectadores de la película, cuyo estreno la semana pasada arrasó recaudando 2,4 millones de euros, reconocen que el pederasta «tiene desparpajo y hace que te rías con sus locuras». Hay consenso en que el delincuente actúa bastante bien pese a no ser un profesional de la interpretación. No han ofendido sus escenas con menores de edad ni los chistes sobre abusos sexuales, pues hace tiempo ya que los españoles se han acostumbrado a los códigos que se manejan en Torrente. «Que te haga gracia Epstein no significa que apoyes la pederasta, no hay que cogérsela con papel de fumar», dicen los fans.
Muchos espectadores también han visto en la aparición de Benjamín Netanyahu bombardeando hospitales «un guiño a la actualidad que se agradece». Admiten que les ha hecho mucha gracia la versión «caradura y torpe» del genocida.
«Es una crítica a la ultraderecha», confirmaba el viernes un espectador agitando la esvástica de cartón que regalaban a la entrada de los cines.









