Incapaces de entender el proyecto educativo de cada escuela, dos padres de Barcelona, E. G. y E.L., han decidido inscribirse ellos mismos y cursar tres cursos (dos de infantil y uno de primaria) a fin de terminar de decidir a qué colegio escolarizar a su hija de dos años. “Uno de los colegios funciona por proyectos y eso no me gusta del todo, pero en otro apuestan por un modelo educativo excesivamente tradicional y eso tampoco lo veo correcto”, explica la madre de la niña, que finalmente ha optado por vivir en sus carnes la experiencia educativa para saber si es adecuada.
Cada año miles de familias se ven en la misma situación a la hora de inscribir a sus hijos en el colegio y la jornada de puertas abiertas se queda corta para conocer al equipo educativo, la filosofía pedagógica de la escuela, la cantidad de deberes, la calidad del comedor, la oferta de extraescolares y la capacidad del profesorado de hacer frente a muchos de los problemas que pueden ir surgiendo durante toda la escolarización obligatoria del menor. “Mi hija, como todas, tiene altas capacidades, pero no quiero que se sienta especial o se le dé un trato preferente… pero tampoco quiero que se la trate como a una más”, explica el padre de la pequeña.
“El curso que viene empezaré Infantil 1 en la escuela Els Llorers, que nos gusta mucho pero quizá es excesivamente… ¿innovadora? Y mi mujer empezará Infantil 1 en la escuela Joan Miró, que también nos gusta mucho pero no sabemos qué tipo de alumnado habrá”, explican los padres de la niña. Si una de las escuelas super la prueba, finalmente inscribirán a su hija en Infantil 1 de aquí a tres años, cuando ella ya tenga edad de ir a segundo de primaria.
“Es mejor que empiece tarde y aprenda a leer con diez años que cometer un error irreversible y que vaya a un colegio en el que, por ejemplo, se dé poca importancia a la asignatura de Música”, dicen los padres.
En caso de que ninguno de los colegios cumpla sus expectativas, de aquí a tres años se inscribirán en dos colegios más.
“Lo que sí descartamos es un concertado porque somos padres responsables”, concluyen.










«Mi hija, como todas, tiene altas capacidades…» Una vez más, la ironía describe cómo están las cosas a la perfección.