El estreno en cines el día 30 de enero de la película Send Help (Enviad ayuda), la historia de una empleada y su jefe abandonados a su suerte en una isla remota tras un accidente de avión, ha reavivado una de las fantasías más comunes entre los trabajadores españoles: quedarse a solas con su superior en un lugar donde no exista la ley.
“Desde mi punto de vista, es una feel good movie: el gustazo que da la trama se te queda en el cuerpo días después de haberla visto”, señala una de las primeras espectadoras. “Ojalá ir a verla con mi jefe, a ver qué cara pone”, agrega con saña esta empleada de una multinacional.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), cada vez son más los trabajadores que sueñan con poder despacharse a gusto con sus jefes sin tener que lidiar con las represalias. Todos ellos mantienen con sus superiores relaciones tóxicas como la que retrata la película de Sam Raimi, cuyo trabajo muchos tildan de “puro costumbrismo” y de “retrato fidedigno de la sociedad”.
“Siempre me han dado miedo los aviones, pero, después de verla en el cine, casi que deseo que me pase a mí lo del accidente”, confiesa otro de sus fans.
“Se pasean por la oficina con una media sonrisa y yo sé que es porque han visto la película y se recrean en algunas de las escenas, imaginando que yo soy el personaje de Dylan O’Brien y ellos el de Rachel McAdams. Me tienen ganas”, confirma el ejecutivo de una gran empresa, que reconoce que toda la plantilla “se está regocijando”. Su empresa ha prohibido “con efecto inmediato” que empleados y jefes viajen en el mismo vuelo.
Al cierre de la edición, la patronal ha alertado de que se plantea seriamente prohibir el cinefórum frente a la máquina del café de la oficina “hasta que se les pasen las ganas de comentar la dichosa peli”, que según la entidad “da demasiadas ideas”.









