Juan del Val ha vuelto a sorprender al mundo literario con Vera, una historia de amor, la novela que le ha valido el Premio Planeta 2025 y el millón de euros con el que está dotado el galardón. El Mundo Today ha tenido acceso a algunos pasajes, de los que destacamos los siguientes fragmentos, de una belleza lírica incuestionable:
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«Y en esa noche bastante oscura y lluviosa en la que llovía todo lo que no había llovido en años, la besó. Una lluvia mansa y húmeda (húmeda como ella) acabó por empapar sus pechos. Eran gigantes.» (página 22)
«La primera vez que lo vio, Lady Isolde creyó que el aire había cambiado de temperatura del frío al calor más ardiente. No era posible que un hombre sencillo, un labriego sin cultura, un idiota, pudiera alterar tanto el pulso de un salón lleno de música, y sin embargo, cada nota del clavicordio pareció temblar a su paso. Así: chan, chan, chan, chan. Lady Isolde se desmayó. Tuvo sueños extraños toda la noche. Durmió desnuda, como solía hacer. Como a cualquier otra mujer, le excitaba el roce de las sábanas sobre su piel o simplemente sentir sus propios pechos gigantes sobre su cuerpo.» (página 32)
«Se sentía como solo sabe sentirse una mujer.» (página 76)
«—No me entenderías, soy una mujer. ¡¡Solo algunos artistas, simplemente geniales, pueden ponerse en la piel de una mujer y comprenderla de verdad!!
—Tienes razón.» (página 81)
«Lady Isolde estaba en ‘esos días’. Puaj, puaj. Qué asco.» (página 88)
«—Qué sabré yo, solo soy una chica.
—Eres válida como la que más, que nadie te diga lo contrario. No por tener esos pechos gigantes eres menos que nadie.
—Tienes razón, pero explícamelo otra vez que yo no lo entiendo.
—¡Oh, tú sí que sabes cómo excitarme!» (página 97)
«—Ya sabes que las mujeres somos muy brujitas. Más bien intuitivas. No tenemos esa sabiduría de libros, sino un conocimiento más profundo. Mágico. Pero tú eso no lo puedes entender porque eres un hombre. Yo, sin en cambio, soy una mujer, como llevo diciendo todo el libro, que retrata mi psique femenina muy bien —dijo Lady Isolda sin dejar de bambolear sus gigantes pechos de un lado a otro. Sabía muy bien lo que se hacía. Tenía armas, dos y gigantes, y pensaba usarlas.» (página 105)
«Oh, cómo reían con las divertidas ocurrencias del bufón Juan De Dávila. ¡El tipo de humor que le gusta a todo el mundo! Humor del bueno.» (página 108)
«El duque de Wexford no era un hombre que sonriera con facilidad, pero cuando la encontró en los jardines, descalza y con la falda llena de rocío, algo parecido a la rendición se dibujó en sus labios. Intentó no mirar sus pechos gigantes… Fue imposible, pues eran muy gigantes.» (página 129)
«—Lo único que quiero es ganar un premio y poder perder de vista a mi señor de una vez. ¡No puedo con él, no lo soporto!
—Pronto, mi amor, pronto. Algún día ese avaro enano pelirrojo será cosa del pasado, pero por ahora necesitamos el dinero.» (página 201)
«Le tocó la rajita con su pito.» (página 233)
«Derramó su leche, que no era de vaca pero sí de procedencia animal y no como esas estafas hechas de Avena. “¿Acaso podía ordeñarse la avena?”, solía preguntar Lady Isolda con sorna. Ser una mujer no le impedía tener gracia a veces.» (página 287)
«El malvado conde Don Pierre du Sanchiez no permitía que en el reino se hablara de nada ni se dijera nada. Así era su dictadura mientras el pueblo llano no gritara basta y se levantara en armas tomar.» (página 301)
«Has alcanzado el límite de uso para GPT-5. Vuelve a intentarlo más tarde o actualiza a ChatGPT Plus para seguir usando el modelo.» (página 345)









