La maldad ya supera las cifras previas a la pandemia

CONTENIDO PATROCINADO POR AMNISTÍA INTERNACIONAL

Por mucho que, durante la pandemia, se repitiera como un mantra la expresión «saldremos mejores», todos los indicadores confirman que el mundo ha recuperado e incluso superado los niveles de maldad previos a la crisis desatada por el coronavirus. «Hemos regresado a la senda de crecimiento habitual de la maldad», alerta Amnistía Internacional, que alude, entre otros, al genocidio de Israel contra la población palestina de Gaza, a los recortes de la ayuda humanitaria de Estados Unidos, a las violaciones a derechos humanos de las mujeres en Afganistán, que ya se habían incrementado con la victoria de los talibanes en 2021, a la persecución de la disidencia en Rusia o a las atrocidades perpetradas por el grupo armado M23 en la República Democrática del Congo. «Por poner solo algunos ejemplos», precisa la entidad.

En España, el repunte de maldad desde la pandemia también es manifiesto. “La negligente respuesta de las autoridades a la DANA provocó una grave vulneración de los derechos humanos de miles de personas. Además, el acceso a la vivienda para amplios sectores de la población se ha convertido en un problema muy grave, la atención primaria sigue infrafinanciada y la Ley Mordaza sigue ahí.”

La idea de una comunidad unida frente a una amenaza común, capaz de hacerse fuerte mediante la solidaridad y la colaboración entre iguales, se ha diluido en el recuerdo. «Falta poco para que salgamos al balcón a insultar», comentan algunos expertos, que insisten en que los indicadores internacionales de maldad y ruindad baten récords a los que la humanidad no se acercó tanto desde la Segunda Guerra Mundial.

Algunos observadores internacionales admiten con pesar que una pandemia parece ser la vacuna más efectiva contra la maldad. «Algo que nos afecte a todos por igual, que no nos deje margen para asistir con pasividad al dolor ajeno», dicen. «Ojalá no sea necesario y baste la presión ciudadana para recuperar el camino extraviado», comentan.

La parte positiva del diagnóstico de los expertos señala que, igual que bastó con comerse un simple pangolín para desatar la pandemia, es muy posible que sea suficiente con que las nuevas generaciones establezcan contacto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que se haga viral otra forma de entender la convivencia.

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