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¿A qué se dedican los jóvenes con mejores expedientes de Selectividad de hace 10 años?

En 2015, justo hace una década, tan solo el 3,05% de quienes aprobaron la Selectividad logró una nota superior al nueve. Y dentro de esta élite destacaron estos diez protagonistas, que obtuvieron la máxima nota en los exámenes de su comunidad autonómica o su provincia. ¿Qué ha sido de ellos?

Marcos. Ingeniero aeronáutico. Nota: 9,45

Estudié ingeniería aeronáutica y estuve de Erasmus en un politécnico sueco, Kungliga Tekniska Högskolan, antes de especializarme en aerodinámica con un máster en el Instituto Superior de la Aeronáutica y el Espacio (ISAE-SUPAERO) de Toulouse. Estoy ayudando a padre en la ferretería. Es severo. Padre, me refiero. No sé si hubiera aceptado tenerme aquí en la ferretería sin estudios, así que me fue bien tener una buena nota de corte. Eso y la ayuda de madre, claro, que le dijo que a ver qué hacían con el niño, con el aeronauta. Padre me llama así cuando me equivoco “el aeronauta no distingue una broca del 6 de una del 5”. Dice cosas así todo el tiempo. Ha puesto la ferretería a la venta, así que no la voy a heredar pero quizá el próximo dueño me contrate, pero no le diré que soy ingeniero aeronáutico porque no quiero que se ría de mí.

Iker. Ingeniero informático. Nota: 9,56

Me arruiné con las criptos, pero creo que con lo de la inteligencia artificial puedo remontar. No pierdo la fe.

Laura. Doctora en Química. Nota: 9,2

Cursé el doble grado de Química y Farmacía en Pamplona y tengo tres máster en el extranjero. No me va mal, duermo en casa de un colega que se llama “el uñas” que me dejó quedarme en su sofá hasta que me saliera algo serio y llevo seis años ya. Yo le ayudo en sus “negocios” que prefiero no decir en qué consisten porque son del mundo de “la noche” y eso pero que tienen que ver, de algún modo, con lo mío, así que no me quejo. Sueño con poder alquiler una habitación con ventana. No pierdo la fe.

Julia. Nota: 9,78

Llevo diez años buscando la salida del centro al que vine a hacer la Selectividad. Ya he perdido la esperanza de ir a la universidad, solo quiero pisar la calle una vez más y ver a mis padres. ¿Tú cómo has entrado? ¿Por dónde has venido?

Marta. Médica. Nota: 9,9

Aprobé el MIR a la primera y elegí ser médico de familia porque quería hacer algo útil, cercano, aunque podía aspirar a más. Ahora en una caravana en Ibiza para hacer la temporada de verano como gogó. Al final es un trabajo cercano, que es lo que yo quería. Creo que es mi último año porque el cuerpo ya no me da. El año que viene ya veremos. Vivo al día. He olvidado todo lo que estudié.

Andrés. Ingeniero Aeronáutico. Nota: 9,6

Estudié Ingeniería Aeronáutica en Sevilla. Me costó sangre, noches sin dormir, becas… Vivo con mis padres mientras me sale algo de lo mío pero esta no es tierra de cohetes. Huelo pegamento de cinco a seis de la tarde y eso me impide concentrarme para sacarme unas oposiciones y poder independizarme.

Clara. Arquitecta. Nota: 9,8

Estudié Arquitectura en Madrid y ahora… bueno, necesito coger un autobús a Zaragoza, ¿tienes algo de suelto? Te prometo que no es para drogas. ¿Cinco euros? ¿Dos euros? Con dos euros me da para un bocadillo. Si quieres ven conmigo al supermercado y me compras algo para comer y así compruebas que no es para caballo. ¿Tienes un cigarro? De la Selectividad no recuerdo mucho pero fue una época guay. Luego estudié Arquitectura, creo. Voy a construir un edificio algún día, ya lo veréis. ¡¡YA LO VERÉIS TODOS!! ¡¡NO ME MIRÉIS ASÍ!! ¡¡FARISEOS, FUERA, FUERA, FUERA!!

Jorge. Ingeniero Naval. Nota: 9,7

Estudié Ingeniería Naval en Cádiz. Fui el primero de mi familia en ir a la universidad. Pensaba que eso lo cambiaría todo. Vivo en una furgoneta. Me despierto sudando cada día.

Juan. Doble grado de física y Matemáticas. Nota: 9,9

Soy ‘rider’ pero estoy contento porque solo me quedan dos años para pagar la bici.

José. Ingeniero civil. Nota: 9,5

Vivo en un cuarto trastero de 12 m². Me ducho en el gimnasio. Ser furry para mí es una forma de expresar quién soy más allá de los límites que me impone el cuerpo o la sociedad. A través de mi fursona, puedo explorar aspectos de mi identidad que en la vida diaria me cuesta mostrar, como la ternura, la fuerza o el deseo de conexión con otros desde un lugar más libre. Mi fursona tiene piso propio, familia y es un zorrito que trabaja de lo suyo, como ingeniero civil. Tiene coche, videoconsola, de todo. Su vida no acabó cuando consiguió la mejor nota de Selectividad de su ciudad. No es un disfraz, sino que me ayuda a encarnar algo que me representa de verdad. Me hace sentir aceptado y exitoso.