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Un hombre atribuye todos sus defectos personales a efectos secundarios de la medicación

«Sí, la irritabilidad es por las pastillas que estoy tomando, igual que la somnolencia, la falta de actividad en el trabajo y haber abandonado a mi familia», explica Roberto Ribavieja, de 54 años, cuando se le piden cuentas por algunos de sus defectos. Este hombre lamenta depender de las pastillas porque, sin sus efectos indeseados, su entorno no tendría tantos problemas con su actitud. «No devolver el dinero que te prestan me avergüenza mucho porque tus amigos se lo toman como una ofensa porque no son médicos y desconocen lo que hay detrás», dice.

Aunque insiste en que la salud es lo primero, Ribavieja desearía a veces que la gente conociera su verdadero yo. «Soy una persona honesta, confiable, creativa y apasionada por su trabajo. Pero, claro, es tomarme la pastilla y notar esa tendencia irreprimible a comportarme como un egoísta y un gandul. No me reconozco, pero te lees el prospecto del medicamento y al menos comprendes lo que está pasando y dejas de sentirte culpable. Que, por cierto, la culpabilidad es uno de los efectos secundarios que no sufro, a dios gracias», declara.

«Debió de empezar a medicarse ya desde muy pequeño, porque es un imbécil rematado desde que lo conocí en el colegio», comenta uno de los conocidos de Roberto. «Mi padre tomaba la misma medicación, sí, viene de familia», confirma él. También asiente cuando el conocido recuerda que es una persona violenta. «Claro, la medicación», repite Roberto.

Al cierre de la edición, y después de mostrarse un poco reticente a responder, Ribavieja ha admitido que la medicación que toma es Gelocatil de 650 miligramos.

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