La empresa de reparto Glovo ha anunciado que cede a las presiones y a partir de ahora ofrecerá a sus repartidores vacaciones pagadas mientras esperan a que el semáforo se ponga en verde. Su consejero delegado, Oscar Pierre, que está siendo investigado en un proceso penal, acusado de un delito contra los derechos de los trabajadores, ha prometido que en adelante los repartidores «pasan a un modelo 100% laboral», lo que según él les da derecho a decir «voy al curro», a considerar «oficina» al sillín de su bicicleta y a disfrutar de estas vacaciones en los semáforos «que en ciertas calles se hacen eternas, así que harán bien en llevarse un libro», señala el empresario.
«Somos una gran familia», dice el responsable de la compañía, consciente de que la frase en cuestión es propia de empresas con empleados contratados. «Las familias de hoy en día se caracterizan porque todo el mundo está desperdigado, a tope de obligaciones, y casi nunca hay tiempo para verse». Al respecto adelanta Pierre que «no sería raro que nuestros empleados tuvieran dificultades para firmar esos contratos, a ver de dónde sacan un hueco».
Glovo reconoce que su reticencia a hablar de «relación laboral» se debía «a que cuando hablas de relación todo parece como más formal, menos apasionado y espontáneo, y es el primer paso para perder la chispa». Pese a ello, asume que «nuestra plantilla se ha aburguesado, o hamburguesado, así que hay que adaptarse».
La empresa ha confirmado que mantendrá la obligación por parte de sus repartidores de tomarse una píldora de cianuro en caso de inspección.









