La película Tardes de soledad del director Albert Serra no logra sacudirse la polémica de encima. Galardonada con la Concha de Oro en la edición de este año del Festival de San Sebastián, tuvo que enfrentarse a las presiones de PACMA, que exigió su retirada de la competición. Ahora, uno de los intérpretes de la obra, el morlaco Angélico, denuncia que Serra lo maltrató durante la filmación. «Me daba indicaciones contradictorias para estresarme», dice este toro, uno de los seis a los que el torero Andrés Roca Rey da muerte en el filme.
«Él te suelta y te deja a tus anchas, pero va diciéndote cosas por el pinganillo para provocar en ti reacciones espontáneas y extraer luego lo que le interesa. Esto es aceptable siempre y cuando no se traspase la línea del respeto, y creo que conmigo se pasó», denuncia el animal. Serra insiste en que «mi método de trabajo es de sobras conocido, quien salta al ruedo sabe a lo que se expone».
El director rehúsa entrar al trapo, pero sí reitera que en su propuesta artística y en su metodología no caben consideraciones aplicables tal vez a la baja cultura: «El arte postaurático profetizado por Benjamin como algo positivo ha mutado en un arte de masas, que adocena, enajena al espectador. No solo no se revuelven contra ello, sino que lo demandan, demandan una masificación obtusa y se sienten felices con ello», protesta. El toro Angélico, sin embargo, no se deja intimidar por la retórica del cineasta catalán: «Mi condición de morlaco no me convierte en masa sumisa que acepta agacharse a cambio del pan, como diría Dostoievski, y soy plenamente consciente de que la ambición de Serra juega en un plano distinto. Por eso mismo acepté involucrarme en el proyecto. Dicho lo anterior, lo que no me parece aceptable es que el sacrificio entendido como acto poético termine por violentar su relación con los actores operando desde la razón instrumental que bien describe Jürgen Habermas. Esto es lo que le afeo: el arte elevado no puede eludir su responsabilidad en el momento en el que es creado en una sociedad y para una sociedad».
Aunque Serra se ha ofrecido a debatir «en buenos términos» con el morlaco «sobre cine, arte, Walter Benjamin y lo que surja», el toro ha rechazado la invitación y se ha limitado a recordarle al cineasta que «aunque el pensamiento surge de la catástrofe, del problema del mal, la forma debe ser bondad. Porque la belleza, desde el punto de vista platónico, en tanto que unida a lo bueno es una de las formas de la justicia. Esto, como mínimo, debería formar parte de cualquier aspiración artística, y el señor Serra haría bien en recordarlo».









