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¿Qué es la “solidaridad”, el arma secreta del Gobierno para solventar la crisis de los alquileres?

La innovación, ya se sabe, genera rechazo. Y eso es lo que ha ocurrido esta últimas semanas cuando la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, ha fiado la solución a la crisis de la vivienda que atraviesa España a la “solidaridad” de los caseros, tras lo que ha recibido críticas por parte de miles de ciudadanos. Lo cierto es que la solidaridad es un mecanismo muy complejo y muy innovador que hasta ahora ningún gobierno se había atrevido a activar, pero que es más poderoso de lo que parece.

¿Qué es la solidaridad?

Puede costar de entender, debido a lo novedoso que es, pero la solidaridad básicamente es un valor humano, una actitud, que impulsa a las personas a ayudarse mutuamente. Pero la clave (y esta es la auténtica revolución que supone recurrir a esta herramienta) es que no hay ninguna obligación legal para ejercer la solidaridad. Un acto solidario se hace movido por el bien y por un sentimiento llamado “empatía”.

¿Qué es la empatía?

Puede parecer enrevesado porque muy poca gente sabe lo que es pero la empatía consiste en la capacidad de ponerse en el lugar del otro, en comprender las dificultades ajenas como si fueran propias. Por ejemplo: un rentista imaginándose que no tiene dinero para comprar comida o cómo sería su vida si tuviera que trabajar para vivir como hacen las personas que no son como él.

¿Es obligatoria la solidaridad?

No, la clave de la solidaridad es que se ayuda al prójimo sin que haya absolutamente ninguna ley que obligue a ayudar. Es más, si los propietarios bajaran los precios de los alquileres por obligación no estarían siendo solidarios y no podrían mostrar solidaridad, sino que estarían actuando motivados por el miedo a ir a prisión. La solidaridad es un gesto voluntario.

¿Qué consigue la solidaridad?

Una vez varias personas son solidarias, se persigue algo llamado bien común o “beneficio colectivo”, de modo que una persona solidaria puede esperar una “reciprocidad implícita”. Si bien una persona solidaria no espera nada a cambio de su acto de solidaridad, es esperable que reciba algo a cambio. Por ejemplo, si un propietario baja el alquiler por solidaridad puede esperar recibir un favor a cambio (regalos, sexo, etc).

¿Va a funcionar?

La solidaridad ahora mismo está aún muy verde, pero en el futuro va a ser clave. El que no sea solidario, estará completamente out. De hecho, ahora mismo parece una utopía, pero en el futuro la gente tendrá no solo una, sino dos y hasta tres solidaridades.

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