Tras dos años de relación, una pareja formada por un ninja y una espía ha roto debido a que nunca se veían. Aunque la casa estaba llena de micrófonos, la comunicación entre ellos era inexistente. “Siempre que llegaba a casa me la encontraba vacía y después resultaba que él estaba camuflado viendo la tele como si nada”, lamenta la espía. “Venía del trabajo con diferentes disfraces y me costaba mucho reconocerla”, replica el ninja.
El ninja defiende que intentó hasta el último momento que la relación funcionara, hasta el punto de trepar por la pared para dejar caer un ramo de flores sobre el pecho de su amada mientras ella dormía. Dice que ella no tardó ni una hora en ocultar un micrófono entre las flores. La espía asegura que lo hizo para poder registrar la respiración de su pareja en algún momento, pues son raras las ocasiones en las que emite algún ruido.
En estos dos años, la espía y el ninja han tenido un hijo, pero no tienen ni idea de dónde está porque es un ninja espía absolutamente imposible de localizar. «Le hemos fallado», admiten.
La relación de pareja terminó con una discusión que el ninja abandonó haciendo una bomba de humo. La espía, por su parte, saltó por la ventana desplegando una cuerda enganchada a un arnés y cayó directamente sobre un coche descapotado que la llevó al aeropuerto. Ha adoptado una nueva identidad y se encuentra en paradero desconocido.
Durante las épocas de mayor crisis, los dos llegaron a recurrir al mismo detective privado para saber si el otro estaba siendo infiel. Aunque los tres jugaron al gato y al ratón durante semanas, nunca llegaron a verse.









