«Quien da primero da dos veces». Así presumía esta mañana Andrea Berrejo al relatar cómo ayer por la tarde fue capaz de adivinar las intenciones de su pareja Carla y preguntarle «¿En qué piensas?» segundos antes de que su novia le hiciera la misma pregunta. «Estábamos las dos mirando al infinito, por lo tanto muy expuestas, pero pude detectar una leve inclinación de su cabeza que me permitió deducir que se disponía a atacar. Me adelanté por poco, pero lo logré», explica Andrea.
La estrategia de la novia de Andrea fue responder a la pregunta confesando que estaba pensando precisamente en lo que estaría pensando ella. «Como yo, entonces. Estamos sincronizadas», apuntó Andrea, neutralizando el intento de llevar la conversación «hacia terrenos pantanosos».
No contenta con su logro, y eufórica por la victoria, Andrea fue a más y le preguntó a Carla «¿Me quieres?» por si se le ocurría «contraatacar por otro de los flancos más concurridos en esta batalla». Su pareja reaccionó ejecutando una maniobra audaz: «Me contestó que por supuesto que me quería y entonces me preguntó si es que acaso no se notaba. Con la pregunta logró cierta ventaja, pero igualmente iba perdiendo. En milésimas de segundo, porque es el tiempo del que dispones en estas situaciones, se me ocurrió replicar ‘Es que estás muy callada'», señala Andrea, aún emocionada recordando lo ocurrido. «Conseguí que las sospechas volvieran a pesar sobre ella, que por supuesto contestó que yo también estaba callada», dice. Y fue entonces cuando Andrea remató: «¿Ves que estamos sincronizadas?». De nuevo, consiguió neutralizar el ataque.
Después de una pausa para ir al baño «y reagruparse», Carla volvió al salón y tiró de otro clásico: «¿Qué vas a querer cenar?». Andrea admite que esta vez no esperaba la pregunta, pero supo improvisar y se tiró a la piscina asegurando que «mientras estabas en el baño me he adelantado y he pedido hamburguesas en el Alfredo’s». Aunque burló la ofensiva, Andrea reconoce que mintió y que tuvo que ir al baño enseguida para hacer el pedido. «Por un momento pensé que al ser lunes igual estaba cerrada la hamburguesería, casi me da algo, pero tuve suerte porque cierran los martes», explica. «Salí indemne por los pelos», admite.
Después de cenar las hamburguesas, Andrea y Carla se fueron a dormir exhaustas por la gimnasia mental a la que ambas se habían sometido.









