Un joven de Murcia que viajó a la capital de España hace seis meses para conocer a una chica con la que había hecho «match» en Tinder lleva esperando todo este tiempo en un local del centro a que su cita haga acto de presencia. Esta mañana, Techi Blueye, apodo por el que se hace llamar el hombre, confesaba que está empezando a perder la esperanza. Después de que el local pasara de ser una cafetería Starbucks a un restaurante de la franquicia Five Guys, luego un 100 Montaditos y ahora mismo haya reabierto como local de coworking, el joven empieza a creer que le han dado plantón.
«Cuando sacaron el mostrador y las mesas y lo repintaron todo para cambiar el negocio otra vez, me dije que ya estaba bien, que tenía que seguir con mi vida. Pero me han dicho que ahora esto es un coworking y pienso en la posibilidad de que Isa94 sea autónoma y de repente decida trabajar aquí y nos encontremos y surja el amor. Sería una historia preciosa», dice el murciano, que ha sido testigo de la gentrificación de la calle. «Antes todo esto era Alcampo», declara refiriéndose a uno de los negocios que se instalaron en el local comercial.
La espera no ha sido en balde, pues ahora este enamorado se ha convertido en un experto en franquicias. «Del cambio de Starbucks a Five Guys aprendí mogollón. Fui testigo de todos los errores que cometieron, y creo que gracias a mis consejos los de Tiger aguantaron unos meses más, hasta que llegó 100 Montaditos», explica. «Se creen que un nuevo negocio atrae a una nueva clientela, pero no es verdad, el local conserva una esencia que hay que conocer y hay que saber mantener para que el éxito inicial de los que se fueron rebrote y puedas beneficiarte de él. De verdad que ahora mismo soy el español que más sabe de franquicias, aunque de amor no sepa mucho», promete.
Su aprendizaje sobre el proceso de gentrificación salvaje es un punto a favor, según él, para seducir a la chica a la que está esperando. «Si ahora se entera de que soy un experto en negocios, puede que se anime a conocerme», dice.
Al cierre de la edición, el local de coworking ha pasado a ser una tienda de velas aromáticas. «Es una señal: ahora esto se ha convertido en un espacio para el amor. Me quedo», declara el murciano.









