“Puedo poner a mi cuerpo al límite pero no mi cartera, gilipollas no soy”. Con estas palabras se han despedido miles de atletas de los Juegos Olímpicos, que empiezan este mismo viernes, después de pagar su primer café a 18 euros y de tratar por primera vez con los franceses. Muchos otros, según admite las distintas delegaciones nacionales, ya han renunciado a pelear por el oro y se esforzarán para quedar desclasificados en cuanto sea posible para permanecer menos días en la capital.
“¿14, 15 o 20 euros por un café? Mis sueños olímpicos no valen tanto, por mucho que haya estado entrenando durante años para esta fecha”, ha declarado la atleta española Ana Peleteiro, que se ha vuelto a España esta misma mañana con la mente ya puesta en la cita de 2028 en Los Ángeles, donde el precio medio de los cafés es de entre 4 y 7 dólares.
“Te dicen que lo peor de los juegos olímpicos es quedar cuarto, porque no consigues medalla, pero no hay nada que pueda prepararte para pagar un café aguado a precio de menú completo”, explicaba a los medios alemanes, entre lágrimas, la taekwondista Lorena Brandl.
El choque entre los atletas olímpicos y la realidad parisina está haciendo que algunos medios de información opten por retransmitir, en vez de las competiciones deportivas, el momento en el que los deportistas se esfuerzan en pedir el ticket en los restaurantes franceses intentando pronunciar “l’addition, s’il vous plaît” mientras el camarero les contesta de malas maneras “je ne te comprends pas”.
Desde el ayuntamiento de París han lamentado que algunos atletas hayan decidido abandonar la competición, pero han animado a los turistas, deportistas y periodistas que permanezcan en la ciudad a consumir, dado que necesitan servir 484 cafés para rentabilizar la inversión millonaria de la ciudad en la organización de los juegos.









