Va a ser difícil que en las Olimpiadas de París se supere algún récord mundial de nado debido a la dificultades que están teniendo los nadadores para acostumbrarse a nadar en la piscina olímpica, que de hecho no es una piscina olímpica sino una taza de café servida en una de las emblemáticas cafeterías de la ciudad, según han informado diversos medios. “Hay muy poca profundidad y la resistencia del agua es distinta. Así no se puede. No cumple”, se queja el nadador español Hugo González de Oliveira, que ayer acabó sexto en los 100 metros espalda celebrados en una mesa del Café La Nausée de Montparnasse.
“Tienes que buscar profundidad para disminuir la resistencia que produce el oleaje en la superficie y eso en una taza de café es imposoble, no sé como el comité lo ha permitido”, explica Raúl Arellano, biomecánico responsable del laboratorio de la Universidad de Granada, uno de los centros que más ha estudiado el fenómeno que permite la propulsión de los nadadores de élite. “Cuando hacen la fase del nado subacuático en la salida y los virajes, los nadadores generan vórtices con la ondulación de su cuerpo y en una taza se chocan unos con otros y no hay ni carriles ni nada”.
“Una piscina tiene que medir dos metros y medio de profundidad y el café era un ristretto de un centímetro. Decidimos pedirlo con leche para que hubiera algo más de líquido pero ni así. Y durante las pruebas algo sí se nota, vas más lento”, explica el nadador. Los atletas además tuvieron que pedir el café au lait ellos mismos a un camarero que fingió no entenderles durante 25 minutos.
“Y 18 euros nos clavaron”, se queja el nadador español.
Los nadadores que compitan en el triatlón lo tendrán aún peor al no usar la piscina olímpica (la taza de café) sino en el Sena.









