Biden dejará los últimos meses de su presidencia en manos de Kamala Harris y se aparta también de la carrera presidencial para centrarse, según él, en algo “mucho más importante”, como es la ofensiva israelí a Gaza. “He intentado ayudar desde el despacho oval todo lo que he podido, pero ha llegado el momento de pasar a la acción”, ha dicho Biden a los ciudadanos estadounidenses en una carta publicada el pasado domingo día 21 y donde anunciaba que se alistaría como voluntario en el ejército de Israel “a colaborar en lo que sea posible”.
“Ha sido el mayor honor de mi vida servir como presidente y aunque era mi intención presentarme a la reelección, creo firmemente que la forma en la que puedo seguir resultando útil a América y al Estado de Israel es en el frente, en Gaza, como soldado raso del FDI. Creo que mirando hacia atrás, es lo coherente con mi mandato. Es lo que toca ahora”, escribe Biden, de 81 años, en su carta.
“Puede que no tenga la fuerza de la juventud, pero imaginad lo que puede hacer en el campo de batalla alguien que ya no tiene nada que perder”, dice.
Según explica el ya expresidente de los Estados Unidos y hasta ahora comandante en jefe del mayor ejército del mundo, en los últimos meses ya tenía la cabeza “más allí [Gaza], que aquí” y se subía por las paredes no pudiendo participar de forma más activa en el genocidio y teniendo que conformarse con apoyar todas las decisiones del gobierno de Netanyahu y apoyando económica y militarmente a Israel. “Disparar a civiles, a niños, lanzar misiles, arrastrarme por alambradas… Lo que sea. Estoy listo. Me veo fuerte, me veo bien. Es hora de ensuciarse las manos”, asegura el político demócrata, aislado estos días en su domicilio de Delaware, recuperándose de la COVID.









