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«¿Quién es esta gente y por qué no están ya en el campamento de verano?», preguntan los padres españoles al coincidir con sus hijos en casa al acabar el colegio

LAS FAMILIAS DENUNCIAN QUE EL PERIODO DE TRANSICIÓN ENTRE EL COLEGIO Y EL CAMPAMENTO PROVOCA MOMENTOS INCÓMODOS

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Las clases y las actividades extraescolares han terminado y muchas familias se han reencontrado en sus domicilios con los hijos a los que no veían desde el pasado mes de septiembre. La presencia de menores reclamando atención y alterando el orden doméstico es una de las mayores causas de estrés en esta época del año, y los padres no ven el momento de que empiecen los campamentos de verano. «Estos días de transición son horribles para todos. No sabemos cómo hablarles y ellos tampoco saben muy bien quiénes somos», admite Gonzalo Ferrer, padre de dos o tres hijos.

«Oiga, usted. Señor niño, no toque esto. Caca. Esto es de papá», exclamaba esta mañana Ferrer mientras perseguía a un niño de ocho años que abría y cerraba una cava de puros. «No sé qué educación les dan en el colegio, pero están asalvajados», comentaba mientras una niña «rubia, de pelo corto, yo diría que la mayor» se subía al sofá sin quitarse las zapatillas.

Los padres lamentan la falta de coordinación entre los colegios y los centros que organizan los campamentos de verano. «Tendrían que disponer lanzaderas que llevaran a nuestros hijos de la clase al campamento directamente», dice Ferrer mientras ata a una columna a uno de sus hijos para que no arranque las hojas de una planta. «Tal vez debería dejar que se comiera la planta para que pasara unos días en el hospital, y de allí al campamento», comenta.

Las familias lamentan también que las escuelas no faciliten una guía sobre cómo tratar con los niños, incluyendo indicaciones sobre el carácter de cada uno y los «comandos de voz» más efectivos para tenerlos bajo control. «Oye, niño», la instrucción más socorrida, no suele ser muy efectiva y, para no llegar al extremo de ejercer la violencia verbal, muchos padres no tienen otra opción que recurrir a los servicios de Bluespace y otras empresas de guardamuebles hasta que comienzan los ansiados campamentos estivales.

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