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Finge que sufre el síndrome de Tourette para poder despacharse a gusto con su jefe

LLEVA TODA LA MAÑANA INSULTANDO A SU SUPERIOR Y CUANDO TERMINE PEDIRÁ LA BAJA

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«Claro que revisé el informe como me pediste, hijo de la gran puta». Así se dirigía esta mañana María Antonia Robledo a su superior en la sede barcelonesa de Jenkins&Co. Cuando el jefe se disponía a pedir explicaciones, la empleada se ha apresurado a aclarar que sufre el síndrome de Tourette, que puede manifestarse en forma de insultos proferidos sin control y de manera compulsiva. «Es Tourette, capullo de mierda», ha insistido Robledo.

La empresa, que presume de un ambiente laboral sano y respetuoso, se compromete a «acompañar a María Antonia en su proceso de recuperación, favoreciendo un entorno de calma que minimice sus brotes». Su jefe, Mauricio Martín, declara que no se toma los insultos como algo personal. «Es la enfermedad la que habla», explica. «Es mi puta boca la que habla, cabrón de los huevos», matiza la trabajadora.

Los expertos en salud mental recuerdan que los brotes con insultos solo se dan en apenas el 15% de los pacientes. María Antonia lamenta encontrarse entre esta minoría de afectados y dice que siente «de verdad» no poder dejar de recordarle a su inmediato superior que es «un mediocre que no hace ni el huevo y que ni siquiera sabe hablar inglés».

Los compañeros de María Antonia, que por el momento no reciben insultos, creen es «raro» que el síndrome cada vez provoque descalificaciones más elaboradas, que casi alcanzan el estatus de análisis de la personalidad y el comportamiento. «Mauricio entró en la empresa por ser hijo de quien es y está obsesionado con bloquear el ascenso de cualquiera que pueda hacerle sombra, especialmente si se trata de una mujer, porque aparte de un enchufado es un machista asqueroso», señala la afectada, aclarando luego que «ha sido otra vez el Tourette».

Inspirado por el ejemplo de su compañera, un empleado del departamento de Logística de la misma empresa ha mandado un correo electrónico a su superior este mediodía diciéndole que es un hijo de puta. Ha sido despedido inmediatamente y se le ha informado de que el síndrome de Tourette «ni es contagioso ni provoca insultos por escrito». Antes de marcharse, el trabajador ha declarado que «lo tenía que intentar».

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