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Casi un 80% de las familias confiesa no recordar a qué campamentos de verano apuntaron finalmente a sus hijos

“Conociéndome, tiene que ser uno que esté lejos”, admite un padre

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Llegan las ansiadas vacaciones para los niños, y con ellas, un importante problema de conciliación para los padres. Los progenitores siguen trabajando mientras que sus hijos ya no volverán a clase hasta principios de septiembre. 

Con la amplia oferta de campamentos infantiles, las familias han barajado tantas posibilidades que ahora mismo se muestran confundidas: “Creo que primero les toca el de clarinete bilingüe en Soria, pero me lío con el de canoas en euskera de Logroño y el de tirolina para celíacos en Jaén”, confesaba un padre de dos niños con cierta inquietud. 

“Conociéndome, tiene que ser uno que esté lejos”, comenta S.B. intentando recordar a qué provincia tiene que enviar a su hijo en poco más de una semana: “haré una maleta con un poco de todo”, concluye. 

Ante la perspectiva de dejar a los niños metidos en casa con una pantalla, las familias prefieren apuntarlos a campamentos de idiomas, de aventuras o artísticos destinando entre 300 y 500 euros cada verano; un esfuerzo económico que muchos apenas se pueden permitir: “El verano pasado incluso me cogí horas extras en el trabajo para poder pagar el campamento en el que estaba mi hijo mientras yo hacía horas extras en el trabajo”, comenta J.C. 

Pero el problema de estas actividades no radica solamente en el sobreesfuerzo económico de cada familia sino también en el exceso de demanda: “Al final solo encontramos plaza en un campamento que hace rutas por descampados del extrarradio en julio, pero los niños se adaptan a todo y lo pasarán bien”. 

“Estuvimos mirando un campamento de multiaventura en Huesca, pero juraría que al final le apuntamos al de manualidades con macarrones de aquí abajo”, explicaba G.G, madre de dos niños: “La pequeña tiene seis meses y, por lo que sea, no me han dejado apuntarla, pero el año que viene la meto a vóley seguro”. 

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