Remodelamos la Casa del Terror transformándola en un hogar cálido y acogedor

    DECORACIÓN

    Acompáñanos a darle un repaso a una casa tan popular como olvidada, la Casa del Terror. ¡Porque el horror no tiene por qué estar reñido con el mal gusto!

    Un hall tétrico, oscuro y de aspecto gótico es lo primero que encontrábamos antes de nuestra visita, pero nuestro equipo de reformas cambió ese ambiente tan horror kitsch por algo mucho más acogedor. Lo primero fue eliminar por completo las telas de araña y los murciélagos, así como el cuadro del antepasado que movía los ojos. Este último lo sustituimos por una colorida y desenfadada ilustración de Jordi Labanda. Las paredes, con signos de humedad y rastros de sangre, las pintamos de un elegante y cálido tono pistacho con el que la estancia ganó considerablemente en luminosidad.

    Segundo paso: la habitación de la Niña del Exorcista. ¿Una sala llena de vómito verde por todas partes y armarios que se abren y se cierran solos? ¡Está pidiendo a gritos un cambio radical! Por eso decidimos eliminar los muebles y hacer de la habitación un espacio diáfano donde poder disfrutar de tu posesión o de una tarde de relax con una apacible sensación de amplitud. Cambiamos el ruidoso y tétrico suelo de madera vieja por tarima flotante, ideal para aislar del frío a aquellos curas que tengan que arrodillarse frente a la cama para realizar exorcismos. Por último, decidimos eliminar el anticuado colchón de muelles de la niña por otro de látex King Size comprado en Ikea porque, te haya poseído el diablo o no, lo más importante es que tu espalda no sufra.

    Seguimos hasta el salón, ocupado por Cara de Cuero de La Matanza de Texas y el cadáver de su abuela. Cara de Cuero, cariño, las mesas y sillas hechas con huesos y las lámparas de piel humana puede que den mucho miedo… ¡pero son muy horteras! Nuestro equipo se puso manos a la obra y le dio a la estancia un toque oriental, cambiando las sillas por pufs árabes cosidos a mano y una mesa baja de madera noble tallada en Marruecos a la que podrán sentar a las visitas para invitarlas a un té moruno antes de asesinarlas y despellejarlas.

    Antes de salir de la casa, Giorgio, nuestro jefe de interioristas, vio algo que le hizo exclamar: “No way!”. ¿El hombre lobo viviendo dentro de la casa? ¿En una mazmorra llena de moho y humedad? Giorgio y sus chicos no tardaron ni una hora en construir una caseta en el pequeño jardín trasero de la casa, con madera de roble y barniz impermeable, al más puro estilo British, que es donde deben descansar los compañeros caninos de las familias para no llenar las casas de pelo y suciedad. Costó convencer al hombre lobo de que a partir de ahora dormiría allí -de hecho mató a dos decoradores- pero finalmente lo conseguimos y reconvertimos su mazmorra en una sala «chill out» donde los monstruos que habitan la casa podrán relajarse y tomar un «cocktail» tras largas jornadas aterrorizando al mundo.

    Para redondear el trabajo, cortamos todos los árboles secos que rodeaban la casa y aprovechamos el terreno para replantar arces japoneses de hojas multicolor. El toque visual que le faltaba a una casa en la que predominaba el gris oscuro de las paredes con el granate tirando a negro de los coágulos de sangre.

    ¡Buen trabajo, equipo!