Margarita Torres, almeriense de 67 años, se saltó ayer varios turnos en la abarrotada pescadería de un mercado municipal y acalló las protestas del resto de clientes leyendo un discurso de Mahatma Gandhi sobre la solidaridad y la concordia entre los pueblos y sus gentes. “Sus palabras me llegaron muy adentro y la verdad es que lo leyó todo con mucho sentimiento. Pero luego, cuando vimos todas que se llevaba el mejor género y que había llegado la última, nos dio rabia y pensamos que Gandhi no se hubiera colado de esta manera”, explica una vecina de Margarita.

Según las investigaciones de la Policía, Torres lleva unos meses recurriendo al líder pacifista para conseguir entradas gratis en el cine o disfrutar de un trato preferente en varios establecimientos de su barrio. “Margarita sabe que Gandhi funciona la primera vez, pero luego pierde efecto. Por eso no acostumbra a repetir la estrategia en una misma tienda” explica un agente, que admite que es difícil actuar contra ella porque leer discursos sobre la paz en el mundo no es delito. “Si la gente se deja llevar por sus palabras ‘gandhilocuentes’ y por buenos sentimientos y encima le cede su asiento o su turno en el súper, no podemos hacer nada. El propio Gandhi acumulaba varios vales de descuento y a nadie le pareció raro”, insisten desde la Policía.

No es la primera vez que alguien consigue beneficiarse de la fuerza de las palabras del líder hindú. De hecho, según un estudio de la Federación de Asociaciones de Productores (FAPAE), el 95% de las productoras españolas de cine y televisión recurren a Gandhi para obtener subvenciones del Ministerio de Cultura.