- La actualidad del mañana -
- La actualidad del mañana -

El juez Garzón ayuda poco en casa

SE LIMITA A PONER LA MESA LOS DOMINGOS

Baltasar Garzón y su esposa Rosario Molina.
La esposa de Baltasar Garzón, Rosario Molina, ha hecho llegar a los medios un comunicado en el que se queja de que su marido, con el que lleva más de veinte años casada, realiza una encomiable labor como magistrado pero «en casa su actitud es errática y cuando se digna a fregar los platos lo salpica todo a propósito para que no se lo vuelva a pedir». «Yayo» Molina -tal y como se la conoce en el ámbito familiar- insiste en que su intención no es perjudicar a su esposo sino «al contrario, lo que quiero es presionarlo un poquito para que entienda que en casa tiene que ponerse las pilas y que, si se mentaliza y hace ese pequeño esfuerzo que le pido, será un español ejemplar en todos los aspectos de la vida».

Molina, además, cree que existe cierta relación entre los objetivos profesionales del juez y sus quehaceres domésticos. «Justo cuando reformamos el baño y había que tomar decisiones sobre el color de las baldosas, los muebles y la grifería, le dio por meterse en el ‘fregao’ de las fosas comunes del franquismo, que tampoco venía muy a cuento. La cuestión es tener siempre una excusa para decir que está muy liado».

Las declaraciones de la mujer de Garzón han agitado el panorama político en España. Mariano Rajoy –que esta semana ha acompañado a su niña a la guardería puntualmente– ha aprovechado para remarcar «las contradicciones internas de los que se autodenominan progresistas y luego tienen un cristo montado en casa» e incluso Bibiana Aído, ministra de Igualdad, se ha sentido «en la obligación de aclarar al señor Garzón y también a su esposa que el hombre no solamente ayuda o apoya a la mujer en las tareas del hogar porque él es responsable de las mismas exactamente igual que ella».

Baltasar Garzón no ha querido comentar el comunicado de su esposa porque «es un tema personal que solucionaremos en privado», pero sí ha rechazado el uso partidista del acontecimiento y ha cargado contra la «bronca inaceptable» de Bibiana Aído, a la que ha pedido «que no se inmiscuya en mi vida porque con un sermón en público ya tengo suficiente».

Las quejas de Rosario Molina han venido acompañadas de una pormenorizada descripción «de lo que suele pasar un día cualquiera cuando mi marido llega a casa». La intención de Molina es «hacer como él, que siempre lo detalla y lo enumera todo, para que quede claro que realmente colabora poco».

20:30. El señor juez llega a casa. Yo [Rosario Molina] estoy haciendo la cena.

20.35. El señor juez pregunta qué hay de cenar -a pesar de que ya había sido informado al respecto por la mañana, pero no me escucha-, deja sus enseres personales encima de la mesa -que luego yo tengo que quitar de allí para poner el mantel- y se sienta en su butaca reclinable -que tiene todo el respaldo gastado pero nunca tiene tiempo para elegir otra en la tienda de muebles de mi prima Ángeles que encima nos haría un 20 de descuento-.

20:40. Los niños también van llegando de judo, de piscina y de la biblioteca respectivamente, y claro, llegan haciendo ruido y contando sus cosas, por lo que el señor juez llama al orden y pide poder ver la tele sin tener que subir el volumen. Soy yo la que atiende a los niños y escucha lo que tienen que decir, que a veces son tonterías pero otras veces se han peleado con alguien y hay que intervenir como madre.

20:45. Digo que hay que poner la mesa y el señor juez se hace el sordo, por lo que dicha tarea recae en alguno de nuestros tres hijos o bien en mí.

21:00. Se sienta todo el mundo a la mesa para cenar y el señor juez sigue viendo la tele en su butaca. Hay que llamarle varias veces para que levante el culo de la butaquita gastada del demonio y cene con su familia si es que se acuerda de que tiene una. Durante la cena se muestra cansado y no comparte sus vivencias laborales alegando que todo es secreto de sumario, cuando en realidad lo que pasa es que le da pereza hablar porque está intentando seguir lo que dicen en la tele.

21:45. Acabada la cena, el señor regresa a su butaca reclinable y gastada dejando tras de sí un mantel lleno de migas y platos sucios que recoge una servidora.

22:30. Cuando servidora lo ha dejado todo más o menos apañado, quiere sentarse a ver la tele con su amado esposo pero resulta que el señor juez ya está harto de ver la tele y se va a dormir porque mañana tiene cosas que hacer en el dichoso Juzgado Central de Instrucción número 5.

Tú haces posible la Verdad

Sin ti, el periodismo del mañana es imposible. Nuestros suscriptores nos permiten seguir ofreciendo el mejor periodismo libre de presiones y banners publicitarios.