El ministro, agachado ante la sombra de la canciller alemana.
“Todo empezó como un juego”, explica un compañero de su partido que quiere mantener el anonimato. “Yo me propuse asistir a una conferencia internacional con una bolsa del supermercado llena de hortalizas y él contraatacó diciendo que se desplazaría como si no tuviera piernas. Por supuesto, su opción superó a la mía, captó la atención de todos”. Steinmeier siempre negó que tuviera algún problema en las piernas -cosa que podría haberle ayudado a ganarse la comprensión de los demás- porque “la gracia estaba, precisamente, en no dar explicaciones”, insiste su colega anónimo.

No es la primera vez que un juego inocente acaba con la carrera de un político. Sin ir más lejos, en 1989 el ministro de Sanidad español, Julián García Vargas, tuvo que dimitir porque decidió dejar de cortarse la uña del dedo meñique, dedicándose a acariciar con ella el pelo de las señoras.