Entra en un Starbucks y pide un carajillo

Desde que no se permite fumar en los locales cerrados, Emilio Blascón, madrileño de 75 años, ha dejado de frecuentar el bar Schopenhauer’s en busca de otros establecimientos “que no me recuerden tanto a los tiempos felices en los que me fumaba todo lo que se movÃa”. Esta mañana, se ha atrevido a entrar en el Starbucks de Plaza de España, un local totalmente ajeno a sus costumbres “hasta el punto de que yo creÃa que era una discoteca”. Cuando ha pedido un carajillo de AnÃs del Mono y unos chocos y le han dicho que no tenÃan, ha montado en cólera y ha pedido el libro de reclamaciones. Sigue leyendo…

Jeremy S. cometió un asesinato hace dos dÃas en Alabama y, como es habitual en casos como el suyo, decidió regresar a la escena del crimen “para ver cómo iba todo y tal”. Cuando llegó a Eastchase Loop -lugar en el que mató a una anciana con el clásico estratagema del nieto bomba- halló una franquicia de Starbucks. El criminal promete que la próxima vez hará fotos del asesinato con el móvil “para que al menos se puedan ver en Facebook”.
Perdido en un rincón del mundo totalmente aislado de la sociedad, el buen salvaje celebrará hoy su medio siglo de existencia rodeado de animales y flora silvestre. Fiel encarnación del mito de Tarzán, del Cándido de Voltaire o de Mowgly de “El libro de la selva”, vive ajeno a su condición de referente cultural y poco se sabe de su vida salvo que fue amamantado por ardillas salvajes.

Lee los contenidos de otras épocas:
