Hay que tomarse en serio a los semáforos. Y no estoy hablando de seguridad vial. Hay que tomárselos en serio incluso a nivel teórico, porque un simple semáforo puede convertirse en motivo de discordia, en una verdadera amenaza para la convivencia pacÃfica de las ciudades y sus gentes. Lo he comprobado. Cuando se enciende la luz verde, se pasa. Cuando se enciende la roja, se espera. En eso estamos todos de acuerdo, al menos en lo que respecta a la teorÃa. De acuerdo, muy bien. ¿Pero qué ocurre con esos semáforos que, en principio, están siempre en verde para los automóviles a no ser que el peatón anuncie su presencia pulsando un botón? Ay, amigos, en este punto la cosa se complica. “¿Tanto se complica?”, preguntarán ustedes. Pues sÃ. Tanto se complica.
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