
Tras someterse a todo tipo de tratamientos, durmiendo en el sofá durante años o conectado a una máquina “como un enfermo terminal”, Rosendo Fageda obligó a su esposa a decidir: “se lo dije claramente: ‘o el caniche o yo. Siento mucho que mis ronquidos le asusten, pero esta es mi casa. A no ser que me eches para quedarte con el perro’. Y me echó. Vaya si me echó”. Ahora, Fageda publica “La Apnea Global”, una defensa encarnizada del ronquido como forma de vida. Le apoyan decenas de “roncadores” que viven su condición desde la militancia.