Se toma el bostezo de su mujer como algo personal

Felisa Marqués es camarera en uno de los bares más concurridos del centro de Barcelona. Como cada dÃa, se levantó ayer a las cinco de la mañana para abrir la persiana del bar a las seis y media. A esa hora puso en marcha la cafetera, limpió la barra y horneó la bollerÃa que empezó a servir media hora más tarde, cuando llegaron los primeros clientes. Al final de la jornada, regresó a casa tras el duro trabajo y su marido -en el paro desde enero- empezó a explicarle cómo le habÃa ido el dÃa. Felisa, cansada y con sueño, bostezó. Ahora él le pide el divorcio. Sigue leyendo…

El empresario alicantino Juan Leiva, que ejerce de dominguero los fines de semana, ha visto su coche reducido a un charco de jabón, lejÃa y otras sustancias quÃmicas tras haberse dedicado a frotar la carrocerÃa con productos de limpieza cada vez más agresivos. “Siempre lo ve sucio, nunca se da por satisfecho. Ya cuando me ha pedido el bote de salfumán le he dicho que aquello no era bueno para la pintura. Pero es que luego, cuando ha untado los retrovisores con cal viva, con los niños por allà tosiendo y con los ojos rojos, ya me he ido porque me ponÃa nerviosa”, declara su mujer.


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