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ENCONTRÓ A LOS PAYASOS GESTICULANDO EN EL SALÓN DE SU CASA

Pide mimos y su marido contrata a siete

Pilar García, santanderina de 41 años, llamó ayer a la Policía Nacional tras volver a casa del trabajo y encontrar en el salón a siete mimos de entre 20 y 35 años de edad. Asustada porque los mimos solo se comunicaban con gestos y se movían de forma extraña, García decidió encerrarlos tras una pared de cristal a la espera de que acudieran las autoridades. Su esposo explicó más tarde que había contratado a los mimos para que atendieran a su esposa cuando ésta llegara de la oficina. “Pilar me dijo ayer que quería mimos y que yo no se los daba porque me pasaba el día trabajando. Quedamos en que le daría mimos. Juro que le pareció bien”, declara.

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LO QUE IBA A SER UNA ADAPTACIÓN DE MOLIÈRE ACABÓ RETRATANDO A UN HITLER BONACHÓN

Mimos inexpertos interpretan por error una comedia sobre Auschwitz

Un espectáculo de mimo ofrecido ayer en la escuela primaria Bon Soleil, en París, provocó la indignación de padres y alumnos e incluso motivó algún conato de agresión que obligó a los mimos a huir entre gritos e increpaciones. El motivo del altercado fue la inexperiencia de los actores: con sus gestos poco acertados dieron a entender que su obra constituía una revisión jocosa del drama del Holocausto judío.

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LA MEDIDA PRETENDE GENERAR EMPLEO

Un grupo de mimos sustituye a las señales de tráfico en Lugo

“Montamos una pequeña empresa de mimos y malabaristas a domicilio y fracasó. Trabajar para el ayuntamiento puede sacarnos del hoyo en plena crisis” asegura uno de los mimos que ejerce de señal de stop en la calle Montevideo de Lugo. José Clemente, alcalde de la localidad, está satisfecho con el trabajo de los mimos aunque admite que “muchos conductores creen que se están burlando y reaccionan violentamente, incluso intentan atropellarlos, y eso que hemos repartido panfletos explicativos”.

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LOS ALMUERZOS DE EMT

Ramón Roto: “no soy mimo, soy sordomudo”

Sólo es sordo, no es un mimoRamón es sordo de nacimiento y quiere prohibir a toda costa la presencia de mimos en las calles. Si esto no puede ser, pide que al menos les obliguen a vestir otro tipo de ropa. A él le encantan las rayas y suele llevar boinas por lo que, al usar el lenguaje de signos, suelen confundirle con uno de estos artistas callejeros. La situación le parece denigrante para el colectivo de sordomudos, por lo que espera que alguien le escuche.

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