
Un aparejador fue confundido ayer con un ministro en el aeropuerto de Valencia y, por culpa de este equívoco, fue sometido a todo tipo de privilegios de los que ahora le cuesta prescindir. “Primero vino una señorita y me acompañó a la sala VIP del aeropuerto diciendo que no tenía por qué esperar como los demás. Una vez allí, empezó a acercarse gente guapa que me ofrecía todo tipo de cosas, desde noches gratis en hoteles hasta una cena romántica para dos personas. Yo me dejé hacer como haría cualquiera y contesté amablemente a las preguntas de los medios, pero luego, cuando entregué mi DNI en la puerta de embarque, se dieron cuenta de la confusión y me trataron como a un vulgar delincuente”, se lamenta el afectado.