
Un torrente de alegrÃa y satisfacción emanó ayer de Marta Tojas tras meses de gases, falsos apretones e incertidumbres. “QuerÃa tirar la toalla pero ni siquiera sabÃa cómo. Comer significaba regalarle artillerÃa al enemigo. Llegué a abrazar el catolicismo y me volvà huraña, encerrada en mà misma”, confiesa. Cuando vislumbró la luz al final del túnel, no supo cómo reaccionar. “Simplemente dejé que ocurriera. Incluso pensé que aquello era de otro, como si fuera la protagonista de una fiesta que no era para mÃ. Solté una cantidad indescriptible de materia, vi que mi sufrimiento tenÃa olor y forma. Hice hasta fotos con el móvil”.