
José F. y Bernardo H. son dos guardias civiles nacidos en Santillana del Mar que trabajan juntos desde hace cinco años y decidieron en 2007 trasladarse a las cuevas de Altamira “porque ambos estábamos divorciados y no teníamos para pagar el alquiler”, declara Bernardo. “Mi mujer me echó de casa diciendo que era un animal y que debería vivir en una cueva como los salvajes. Y mira, visto en ‘retrovisión’, no era mala idea”, añade su compañero José. Las autoridades intentan desalojarles sin éxito desde hace dos meses. “No nos pueden echar así como así. Y menos de una cueva, esto ya sería el colmo”.