Los porteros de discoteca, a examen

Dos aspirantes comprueban el poder de la lógica.

Dos aspirantes comprueban el poder de la lógica.
Mientras espero al filósofo en una mañana fría en un bar de Barcelona, el café deja de estar caliente. Ya me habían advertido de su poca formalidad. Al poco llega, vestido de manera informal y me saluda de igual forma. En un momento se ha quitado los guantes y una boina negra. Me comenta mientras ordena dos cafés que antes no solía cubrir su cabeza, pero la incipiente calvicie y la ola de frío le han hecho cambiar de parecer.