“DarÃa mi vida por un túnel de lavado”
Desde que a los seis años descubrió los túneles de lavado, Federico Lancho es esclavo de una obsesión. Su amor por los cepillos, los chorros de agua y la cera abrillantadora es posesivo, inmune al qué dirán. “Todo lo malo se esfuma por el desagüe en un mar de caricias espumosas. Esta es la clave. Si entiendes eso, entonces me entiendes a mÔ. Quizá leyendo su primera novela autobiográfica, “Tunnel of Love”, sea posible averiguar qué ve Lancho en los túneles de lavado. O puede que uno acabe convenciéndose de que necesita tratamiento urgente.



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