“No puedo dejar de mirar los cochecitos de los demás”
Desde hace algunas semanas, Lucas García, madrileño de 32 años, nota que en su cuerpo ocurren cosas extrañas: percibe olores que jamás había sentido, tiene intuiciones extrañas como detectar en qué calles hay aparcamientos libres y su vientre crece a un ritmo inusual “sin que tenga sentido culpar a la cerveza”. Al principio pensó que los efectos se debían “a esto que hago de meter la cabeza en el microondas para impresionar a las chavalas”, pero pronto concluyó que se trataba de un problema hormonal. “Mi cuerpo me dice que estoy en estado de buena esperanza”, asegura García.



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